Estoy sentada en una cama grande, mirando a través de la ventana un hermoso paisaje, veo esas montañas tan verdes, tan llenas de vida, con pajaritos revoloteando por doquier y arriba de ellas aquel cielo azul que contrasta en una perfecta armonía con la madre naturaleza.
Me siento conectada con todo este hermoso paisaje, siento que la paz y la tranquilidad que a veces suelo anhelar está al frente mío. Todo esto está un poco callado diría yo, como si no le molestara nada, como si el eco del cantar de los pájaros relajara todo este ambiente tan sutil y bello.
Aquel rayo de sol ilumina retazos de las montañas y otros pedazos permanecen tapados por las nubes blancas y esponjosas, tal vez algunas partes de aquellas montañas no quieren ser tocadas ni por los rayos del sol, sintiéndose virginalmente protegidas.

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