Era Jueves en la noche. Los demonios recorrían el negro
palacio, riendo y mofando de cuanta tragedia habitaba en ese esplendoroso
lugar. Danzaban al compás de la música victoriana, escondidos entre los lujosos
cuadros pintados al óleo. Asomaban sus caras cuando algo extraño ocurría, recorriendo con los ojos dichas situaciones.
Los candelabros se apagaron, todo era oscuridad, las
palabras de miedo y angustia de los cortesanos se hacían cada vez más intensas.
Sentían un cierto viento rozarles las
pieles. Un frío los invadía de terror. Empezaron los gritos grotescos, mujeres
lanzándose de los balcones, hombres cortándose las gargantas y las orejas, no
querían seguir sintiendo aquella sensación tan macabra.
En la mañana del viernes, entró uno de los caballeros del
rey al reciento de bienvenida, cuando su
rostro pálido y pasmado captó aquellas imágenes de crueldad. Aproximadamente 30
muertos bañados en su propia sangre llenaban aquel vestíbulo.
Luego, solo eran gritos y horrores de las personas que
entraban a aquel lugar a comprobar las palabras de aquel de armadura metálica.
Las demonios rieron.
No hay comentarios:
Publicar un comentario