En medio de aquella noche lluviosa, solo se escuchaban las gotas de agua caer sobre el techo de mi casa. Mientras yo estaba en el cuarto ubicado en la terraza, leía unos fragmentos de poesía, suspiraba, sacaba mi cabeza por la ventana y podía divisar la luna llena, que estaba tan redonda como un círculo perfecto.
Al terminar la última página de mi lectura, hacían falta unos cuatro renglones para ello, cuando escuché un sonido seco, como de un golpe. Me asusté un poco, cogí mi paraguas y salí a ver qué había pasado.
Al abrir la puerta de la habitación, un abrumador silencio empezó a inundar por completo mi mente, me empecé a estremecer como si algo malo estuviera a punto de ocurrir, pero lo que no sabía era que estaba en lo cierto.
Al acercarme más y más despacio hasta donde creí haber escuchado el ruido, mi corazón palpitaba a mil, mis manos temblaban, no solo por el frío, sino por aquel temor que me invadía.
Llegué, mi corazón se paró, mis pupilas se agrandaron. No podía creer lo que estaba viendo.
De las sombras y la lluvia, emergió una figura alta, delgada, de mirada profunda y oscura. Traté de correr, pero mis pies estaban pegados al suelo, estupefacta y horrorizada; traté de gritar, pero mis labios estaban sellados con el más fino bordado.
Al verme en ese estado, la criatura se abalanzó sobre mi, me tomó por el cuello con sus dos manos y sus dientes aterradores, trataron de clavar mi carne. Pero hubo algo que detuvo a aquella criatura de tan semejante acto, y este es el día en el que no sé que sucedió con certeza, pero solo sé que me tiró con una fuerza inimaginable sobre el suelo, y desapareció entre la oscura noche.
Perdí la consciencia y a las pocas horas me desperté y estaba en mi habitación, tendida sobre la cama, un poco adolorida, pero pensando en qué fue lo que sucedió, y si era real o solo producto de mi imaginación.
Estaba muy cansada para pensar en tantas cosas, así que decidí dormir. Cerré mis ojos y empecé a relajarme con el sonido de la lluvia que estaba empezando a cesar.
No sé cuanto tiempo pasó desde que empecé a quedarme dormida, pero sentí que algo estaba encima de mi, así que abrí mis ojos con rapidez y lo vi, era él otra vez. Grité con toda mis fuerzas, pero él, sin pensarlo un segundo, puso sus labios, que estaban fríos y húmedos, sobre mi boca. Y después de ese beso extraño, se marchó de nuevo, sin poder preguntarle ni su nombre, dejándome marcada de por vida.
Ya han pasado casi 10 años desde que no he vuelto a tener un encuentro con aquel ser extraño, pero cada vez que camino en las noches para llegar a mi casa, siento como si él estuviera vigilándome desde lo más alto, con deseos de matarme o amarme.

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