La ansiedad se ha apoderado de mí.
Varios días sin conciliar el sueño, o más bien, sin que el sueño logre hacer un acuerdo válido conmigo. Despertar cuando aún los rayos del sol no han salido y el frío congela mis pies.
Trago saliva mientras previamente me lamo los labios pues están secos.
Empiezo a sudar al mismo tiempo que los dedos de la mano se frotan unos contra otros.
Silencio absoluto, es lo que quisiera sentir, pero los deseos nunca se hacen realidad, así que aquellas voces y risas taladran mis oídos, a la par que la desesperación empieza a aumentar.
Cerrar los ojos con esperanzas de que aquellas imágenes distorsionadas desaparezcan, y que los ruidos por más mínimos que sean, dejen de perturbarte.
Querer huir de aquel espacio y tiempo, anularlo, poder estar en mi regazo, sola con mis pensamientos, alejada de todo cuanto pueda alterarme más.
Cada día todos estos síntomas van creciendo, al igual que otros nuevos aparecen. Es la ansiedad, aquella depredadora que va matando a su presa lentamente y sin piedad, hasta acabar con la poca tranquilidad que queda de ella, sin dejar ni siquiera un aliento.
jueves, 22 de agosto de 2013
miércoles, 21 de agosto de 2013
5. Envidia
La envidia, aquel pecado capital que se cree jamás podría
habitar en nuestro ser -ya que es algo que hiere nuestro ego-, obligándonos a
negarla, como si fuera un pecado mortal, como si nadie pecara, como si todos
los seres fueran puros.
Todos, sin exclusión, hemos tenido aquella sensación y saña,
de ver reflejados en el otro, aquellos anhelos e ilusiones, que han rondado en
nosotros, que hemos deseado con todas nuestras fuerzas, y que ahora no son
nuestros, sino de ellos, de los envidiados.
Saber que los años van pasando y no se ha logrado mayor cosa
para la satisfacción personal, es algo que invade y se difumina en todo el ser,
enfermándolo y encaminándolo hacía un destierro de sí mismo, del entorno; y más
aún cuando se ve que otros si han conseguido recoger aquellos fragmentos que
los han podido construir, triunfar.
Observar en aquellos seres la belleza completa, mientras se
hace una introspección de la vida propia, y de aquellas cosas que se quisieron
hacer pero por motivos diversos, no se pudieron lograr, haciendo que aquellas
figuras resalten comparativamente –con uno mismo- y se agache la cabeza con
motivo de saber que no se sabe nada, que no se es nadie y que el tiempo no ha
sido del todo aprovechado, dejando tirado en el rastro del reloj de arena, todo
conocimiento y belleza que se pudo haber adquirido.
Ahora sólo queda seguir luchando por obtener aquellas cosas
que queremos, hasta al menos sentir que la vida valió la pena vivirla, que
logramos completar cierta parte de nosotros…o que nos cosan los ojos.
miércoles, 14 de agosto de 2013
miércoles, 7 de agosto de 2013
***
A pesar de la distancia física, hay cosas al otro lado del charco que suceden al extremo de ahogarte en lágrimas, y otras, que no pasan, que se estancan o van muriendo lentamente al igual que lo haces vos.
Las palabras tienen el poder de hundir, destruir y evocar todos nuestros sentimientos y pensamientos. Sólo queda entrar en la profundidad del pensamiento y desvanecer poco a poco con el sonido del tic tac del reloj.
Las palabras tienen el poder de hundir, destruir y evocar todos nuestros sentimientos y pensamientos. Sólo queda entrar en la profundidad del pensamiento y desvanecer poco a poco con el sonido del tic tac del reloj.
sábado, 3 de agosto de 2013
¿Somos lo que creemos que somos?
Lo que se es nunca se deja de ser, y todo lo que esto conlleva no se esfuma tan fácilmente ya que está tatuado en nuestra piel. Estamos marcados, como si la vida fuera dueña de nosotros, nos posee sin dejarnos otras salidas, nos obliga a vivir lo que hay, sin poder expandir ni encontrar nuevos rumbos que nos hagan personas distintas a lo que ya somos. Condenados estamos a ser lo que somos y a que los demás nos vean con los mismos ojos. Espejos retrovisores nos miran siempre, no nos quitan de vista para que así no podamos escapar.
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