jueves, 3 de marzo de 2016
Como cebollas.
Somos como unas cebollas enterradas en el suelo, aún sin ser cosechadas, llenas de tierra y polvo, de capas incontables que nos rodean, que nos abrigan, que nos mantienen a salvo del mundo exterior.
Cuando una mano gentil y sutil logra escarbar hasta encontrarnos y sacar nuestras capas lentamente, es ahí cuando alguien en el mundo alcanza a vislumbrarnos, a darse cuenta que estamos vivos y que tenemos sentimientos, que podemos ser tan sensibles como cualquier otro ser viviente.
Hay acciones y palabras que nos obligan a enterrarnos nosotros mismos en el suelo, percibiendo siempre las pisadas de los demás sobre nosotros pero así evitando que alguien más nos hiera o nos haga dudar de lo que somos.
A veces es preferible seguir siendo cebollas, al menos hasta que alguien nos coseche...y si eso no sucede, dejaremos de ser, volviendo a la tierra que nos vio nacer.
martes, 17 de febrero de 2015
Todo lo que sube tiene que caer.
domingo, 21 de septiembre de 2014
El pacto.
Su madre vivía con ellos en el castillo Tadeh, aquel gran lugar que había sido construido por el bisabuelo de Lucía en el Siglo pasado, cuyos orígenes eran casi un misterio.
Todos habían conocido a su padre excepto ella, tan pequeña y tan frágil había tenido que vivir bajo la sombra de sus hermanos mayores desde que abrió sus ojos en este mundo.
Una tarde de invierno ella se encontraba en su habitación mirando hacía afuera desde su ventana, pues le gustaba mirar los atardeceres de cada día, pues le parecían lo más bello del mundo. Sus ojos percibieron un leve movimiento cerca de un naranjo, lo cuál hizo que se inquietara e interesara por aquel suceso poco común, ya que siempre las cosas habían sido típicas...hasta ese día. Su gato Nilo se subió encima del ventanal haciendo que ella pegara un brinco del susto mientras que aquel travieso se acomodó para tomar su siesta sin ningún problema. Cuando ella volvió a mirar hacía donde estaba el extraño movimiento, ya no había nada, lo cual la dejó aún más desconcertada.
A pesar de su corta edad, Lucy era una niña muy hábil e inteligente y por haber estado siempre con sus hermanos pegada a sus pantalones, le gustaba hacer las mismas cosas que a ellos, como montar a caballo y practicar con la espada, aunque su madre poco gustaba de sus hábitos.
Al caer la noche, con ella llegó una luna completamente bella, redonda, perfecta y brillante, casi que ni necesitaban usar velas para alumbrar las afueras del fuerte. Mientras cenaban todos reunidos entra el consejero de la reina asustado y corriendo, diciendo que acaba de llegar una mujer con un traje elegante pero untado de sangre y que se había desmayado en la puerta de madera del castillo. Margaret, la madre de Lucy estaba anonadada y dio las ordenes de traerla de inmediato a donde se encontraban, además de llamar a Vaxt el curandero personal de la familia real. Al cabo de unos minutos la joven desconocida se encontraba en el salón de comedor sobre el suelo que había sido donde la tiraron los hombres de la guardia y corriendo venía Vaxt quién puso unos brebajes en la boca de la joven haciendo que ésta se levantara de un tirón con una profunda respiración y empezara a recitar las siguiente palabras:
-No a mí, no a mí, no tengo lo que buscas ¡veteeee!
Todos quedaron perplejos con aquellas palabras, pero ella al caer en cuenta que estaba con más personas se empezó a calmar y rompió en llanto. Lucy se le acercó y le dio un vaso con agua, la joven lo tomó y le agradeció, pero al ver su cabello se asustó y quedó en un estado pensativo sin musitar una palabra.
La alojaron en uno de los cuartos de huéspedes que tenían en el ala norte, poniéndole a su disposición casi 5 mucamas quienes estaban al pendiente de ella. Al cabo de unos dos días, la joven recuperó sus fuerzas y se atrevió a bajar para hablar con Margaret quién solamente vio el día de su llegada pero no la recordaba mucho pues había estado muy nerviosa.
Hizo la venia correspondiente y se presentó:
-Gran señora, agradezco toda su hospitalidad, mi padre estará totalmente agradecido con ud. Mi nombre es Delory soy de una villa a unos 100 Kilómetros de aquí. -hizo una breve pausa y con respiración honda continúo- sinceramente me apena tener que haberle hecho pasar por tan bochornoso incidente pero no recuerdo nada, ni siquiera de el porqué llegué hasta aquí ni porqué de mi vestimenta.
Margaret la tranquilizó y le ofreció quedarse con ella mientras todo se normalizaba, proponiéndole que pasara tiempo con su hija Lucy pues ella no tenía una chica joven con quién compartir, contándole así todas de las andanzas que emprendía con sus hermanos. Ella aceptó.
Delory se encontraba afuera en aquel día frío pero iluminado, viendo como Lucy exploraba por aquellos árboles de naranjo, cuestión que a ella le causó un leve escalofrío sin saber porqué. Llamó a Lucy y se presentó a sí misma, sin poder dejar de mirar los ojos penetrantes de la pequeña. Se pusieron a jugar a las escondidas, y mientras Lucy estaba buscando un sitio dónde esconderse vio un punto de luz flotante que llamó su atención, haciendo que ella lo siguiera mientras más y más la luz iba penetrando el bosque. La luz se iba desvaneciendo y con ella los rayos del sol que iban entrando de entre las ramas de los árboles, quedando casi un lugar oscuro y siniestro. Lucy se empezó a asustar y miraba para todos lados con cara de pánico, cuando de repente una mano enorme tapa su boca y la arrastra hacia el suelo. Ella cae privada pues su cabeza golpea contra una roca. Al cabo de un momento, Delory se encuentra ahí, de pie, viendo todo, pero su mirada había cambiado, parecía adormilada:
-Ya la encontré. Lo que buscabas.
Aquel hombre extraño sacó su oxidado y enorme cuchillo, con deseos de enterrarlo en el pecho de Lucy, pero justo cuando el filo estaba por tocar su vestido, la pequeña abrió los ojos con furia, como si algo poderoso hubiera entrado en ella, y con su mirada hizo que el cuchillo tomara otra dirección: el cuello del desconocido, haciendo un corte profundo en su garganta, tras lo cual su sangre salió a chorros mezclándose con el color de su cabello.
Ambas niñas reaccionaron y cayeron en sí como si hubieran estado bajo el poder de algo muy fuerte. Se abrazaron asustadas y salieron de aquel hueco frío, aunque Lucy estaba perpleja de lo que había sucedido pues nunca había hecho una cosa como tal.
Después de este incidente, Lucy empezó a sentir cosas extrañas en ella: podía mover objetos con su mirada cuando estaba furiosa, además creía poder entender a los búhos que se posaban en las copas de lo árboles cerca a su ventana. Ella misma se decía que quizá todo lo estaba imaginando pero no se pudo sacar de la cabeza aquel suceso en el bosque, el cuál ellas prometieron no contar a nadie, pues todos podrían asustarse al no entenderlo, igual que ellas.
En una noche helada, los habitantes más influyentes de la zona celebraban en las afueras del castillo una gran fiesta de invierno, en la cuál danzaban, tomaban vino y comían grandes banquetes. Lucy estaba preciosa con un vestido negro que resaltaba un poco sus pechos que empezaban a formarse, ya estaba empezando a verse como una mujer.
Una hora después de haber iniciado la fiesta, llegó un hombre alto que usaba un antifaz y se disponía a tocar el violín pero no dejaba de quitarle la mirada a Lucy. Cuando empezó a tocar, fue como si el tiempo se detuviera, como si el viento se hubiera enfriado más, todos estaban danzando como extasiados, haciendo movimientos extraños, menos Lucy. Ella miró asustada al hombre y sus ojos se encontraron. La voz del hombre resonaba por el aire:
-Te he estado buscando a ti y por fin te he encontrado
-¿Qué quieres de mí? no ves que soy sólo una niña -respondió Lucy con una voz de desesperación.
-Tú no lo sabes pero tu bisabuelo para construir todo esto y tener todas las riquezas que aún uds tienen, me llamó una vez con ira e indignación, y yo acudí a él, pues notaba que no era un joven corriente, tenía un don especial. Hicimos un trato, yo le daba a él todo lo que quisiera pero a cambio tenía que entregarme la vida del primero de sus descendiente con su mismo poder...esa eres tú. Me di cuenta de tu poder a medida que ibas creciendo pero quería tenerte cuando ya estuviera desarrollado pues eso me haría aún más fuerte, por eso poseí los cuerpos de algunos idiotas para tenerte pero ninguno supo hacer el trabajo. Ah, a todas estas, no me he presentado -la miro con una sonrisa malévola- soy Bazth un demonio antiguo de estas tierras.
-Pe-pe-ro yo no tengo ningún poder -titubeo Lucy- soy una niña normal.
-A mí no me puedes engañar, siento tu corazón latir y me llama, quiere pertenecer a mí pues en tu sangre está aquel pacto prometido.
Bazth terminó de tocar la última nota y con una rapidez enorme se acercó a Lucy, respirándole en la cara. Ella lo miraba pidiendo piedad pero no entendía que aquel ser no iba a caer en sentimentalismos. El demonio enterró su brazo en el pecho de Lucy arrancándole su corazón para luego ingerirlo. Ella cayó al suelo con sus ojos abiertos y lentamente la nieve se tiñó de rojo y con ella el pánico y los gritos de la multitud que dejó de danzar. Todos sintieron aquel aire frío que los invadía mientras veían como Bazth se esfumaba con una sonrisa dibujada en su rostro. El pacto ya se había cumplido.
domingo, 27 de julio de 2014
A otro perro con ese hueso.
lunes, 19 de mayo de 2014
Dile no a la felicidad.
viernes, 21 de febrero de 2014
Días cotidianos...
De esos días en los que quieres salir volando y esconderte en alguna cueva solitaria...
De esos días en los que el viento te mece con un vaivén...
De esos días en los que quieres no sentir, respirar, ni vivir...
jueves, 20 de febrero de 2014
Momento de positivismo (?)
Así que, calculando las palabras que escribo ahora, pueden ustedes notar como fui yo en los tiempos de antaño, aunque no podrían saber a ciencia cierta lo que era, ni mis más oscuros y profundos secretos y deseos, pero al menos pueden esbozar o tomar prestado algún pedazo de mí.
Ahora no soy más lo que era, porque el presente hay que estarlo forjando paso a paso, para más seguridad, así se evitan tropiezos y volver a cometer esos errores estúpidos que nos hicieron tomar decisiones o causar consecuencias que nos afectan en el ahora.
¿Seremos capaces de superar nuestros temores y angustias y empezar desde cero?
Quitar los prejuicios de nuestra mente (aquellos que nos ha inculcado la sociedad, y que por culpa de esos, a veces nos cuesta poder ser nosotros mismos) es algo que nos oprime el pecho y no nos deja vivir tranquilamente.
Intentemos vivir bien con lo que tenemos, tratemos de buscar nuestro bienestar para así vivir de manera placentera, sin estar buscando de otros lo que necesitamos y que muchas veces está en nosotros mismos, es decir, hacer lo que esté en nuestro alcance.
Y si mirar al pasado nos hace daño, mejor amarra tu cabeza para que no dé vuelta atrás jamás.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Mes 12.
Hipocresía y cinismo, serían dos palabras que no podrían definir mejor lo que significa la navidad, las fiestas en familia y amigos, en donde aquellos seguirán siendo los mismos que te juzgan por lo que eres, que te señalan cada vez que haces o no alguna cosa, aquellos que cuando uno más los necesita te voltean la espalda y en vez de ayudarte, más te clavan el cuchillo.
Es mejor no festejar nada, porque ¿qué se debe festejar?...
domingo, 3 de noviembre de 2013
miércoles, 30 de octubre de 2013
lunes, 28 de octubre de 2013
Cadáveres.
sábado, 26 de octubre de 2013
Cualquier cosa de sábado en la noche
La ventana está abierta, todo el humo a ciudad entra como un veneno y recorre mis pulmones. Lo único que se rescata de aquel momento, es ese árbol seco que se ve inexpresivo, sin movimiento, lúgubre, pero que muestra en sí lo que es estar afuera, aquel mundo de peligros, de personas desconocidas o que crees conocer, de personas que vienen y van y se balancean contoneándose por las calles llenas de seres sedientos y estereotipados. Es difícil vivir en esta sociedad en donde tienes que ser como te dictan, en la que no puedes abrir tus alas y volar a tu manera. Es difícil, triste y humillante con uno mismo. Escribir es la mejor manera de ser o de intentar ser lo que uno cree que es. Como dicen por ahí o es negro o es blanco pero nunca gris...¿pero qué si el gris es el color que te define?¿qué si este mundo no está hecho para ti?...sólo queda nada.
jueves, 5 de septiembre de 2013
lunes, 2 de septiembre de 2013
Llamada.
-¿Con quién, disculpe?
-Con él.
-¿Quién es "él"?
-Él es aquel con quien sueño todas las noches. En mis sueños me dicen que me comunique a éste teléfono y por fin he tenido la valentía de hacerlo.
-Disculpe, no sé qué decirle. Aquí sólo vivo yo, me llamo Carla, pero antes de mí vivía un joven escritor pero él falleció hace un mes.
(Pi, pi, pi, pi.... El teléfono se cortó, mientras ella, inocente, soñadora, se desplomaba en su sillón, dándose cuenta que todo había sido sólo un sueño, que esas cosas no sucedían en la realidad).
jueves, 22 de agosto de 2013
Ansiedad
Varios días sin conciliar el sueño, o más bien, sin que el sueño logre hacer un acuerdo válido conmigo. Despertar cuando aún los rayos del sol no han salido y el frío congela mis pies.
Trago saliva mientras previamente me lamo los labios pues están secos.
Empiezo a sudar al mismo tiempo que los dedos de la mano se frotan unos contra otros.
Silencio absoluto, es lo que quisiera sentir, pero los deseos nunca se hacen realidad, así que aquellas voces y risas taladran mis oídos, a la par que la desesperación empieza a aumentar.
Cerrar los ojos con esperanzas de que aquellas imágenes distorsionadas desaparezcan, y que los ruidos por más mínimos que sean, dejen de perturbarte.
Querer huir de aquel espacio y tiempo, anularlo, poder estar en mi regazo, sola con mis pensamientos, alejada de todo cuanto pueda alterarme más.
Cada día todos estos síntomas van creciendo, al igual que otros nuevos aparecen. Es la ansiedad, aquella depredadora que va matando a su presa lentamente y sin piedad, hasta acabar con la poca tranquilidad que queda de ella, sin dejar ni siquiera un aliento.
miércoles, 21 de agosto de 2013
5. Envidia
miércoles, 14 de agosto de 2013
miércoles, 7 de agosto de 2013
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Las palabras tienen el poder de hundir, destruir y evocar todos nuestros sentimientos y pensamientos. Sólo queda entrar en la profundidad del pensamiento y desvanecer poco a poco con el sonido del tic tac del reloj.